miércoles, 17 de febrero de 2016

Oaxaca (Tehuantepec-Huatulco-Mazunte-Oaxaca)

Vueltas

No hace mucho, y después de tanto,
descubrió que las vueltas de la vida le gustan,
las vueltas de la vida con ansias las espera.

No sabe si son revanchas, desafíos, segundas, terceras o 
miles oportunidades.

Tiempo tal vez de mejorar, de corregir, de potenciar, aquello 
que fue; o lo que no.

Sin embargo hay algo que lo complica, le quita el sueño. 

Comprender la idea de que a veces, a pesar de todo, no exista 
un por qué.

Y es entonces, cuando la explicación perece, 

que la vida no tiene vuelta, solo ida.

Tehuantepec 

Después de varios días, madrugábamos con un poco de cruda (resaca mx style) para ir rumbo a Oaxaca. 

El primer destino de este estado salía casi aleatoriamente. Llegábamos, por Cs, a un pueblito muy pequeño llamado Tehuantepec. La familia de, nuestras posteriormente amigas, Tania y Lupita nos abría sus puertas. Dos días en los que nos trataron cómo hijos, nos dieron de comer como chanchitos y nos llevaron a conocer un poco más de su lugar. 

Lupita y Tania & Nos

En la torre del reloj

Pasadas dos noches, y habiendo realizado una gran parada técnica, nos dirigíamos hacía, lo que para mí es, una joya del Pacífico.

Pero algo había sucedido. De repente la vuelta a casa había tomado forma. Con una mezcla de sentimientos habíamos sacado pasajes de regreso. 

Huatulco 

De la terminal, panchitos de por medio, a la casa de Aldo. Un crack de la vida. Esa gente cargada de energía de otro planeta. Nos fue a buscar y nos llevó en moto hasta su casa. 

Primer día, suave. Descansamos del viaje, dimos una vuelta por el centro y cenamos algo tranquilos. 

Ya el segundo, Aldo y su amigo nos llevaron a hacer un recorrido por el mirador del faro y a pasar la tarde a la playa La Entrega. Una merienda poco típica: ostiones recién sacaditos del mar con salsa picante. 

Mirador del Faro


Un detalle de color, de color rosa, el poncho descapotable en el que fuimos. 

El poncho y el faro


Aldo estudia Economía y trabaja con artesanos del lugar, por lo que durante los otros días durante el día, lo veíamos poquito. Asique después de desayunar nos íbamos caminando hasta la playa Santa Cruz. Birritas, sol, lectura, chapuzón y repeat all. 

Santa Cruz I

Santa Cruz II


Una de las últimas noches salimos a una fiesta hawaiana, en la que la cerveza costaba sólo 10 pesitos mx. El resto de la noche es más bien confidencial. 

Aldo & Nos 

Para seguir en sintonía, y aprovechando que una vieja amiga del Chelo (otra Lupita más), hacíamos base en Mazunte. Un pueblito súper hippie, frente al mar abierto. 

Primer día, pasado en la cama. Fiebre, resultado probable de alguna ingesta en mal estado. Mientras yo me reponía, el Chelo y Lupita iban al mercado de Pochutla. 

El resto de los días lo dedicábamos a recorrer las distintas playas y pueblitos aledaños junto a Lupita y alguna amistad que se sumaba o alguna hija de amigos a quien cuidar. 

Lupita y Pilar & Nos

Playa Carrizalillo (Pto Escondido)

Playa San Agustinillo

Playa Mermejitas

Playa Xipolite

Niña finlandesa I

Niña finlandesa II

Playa Mazunte

Más días de puro relax, de sentarse a escuchar el mar, ver olas grandísimas y de tratar de ver qué vueltas de tuerca podemos dar. 

Habiéndonos despedido de Lupita y el mar (por unos cuantos días) nos subíamos a una van (casi letal) con destino a la ciudad de Oaxaca. Un camino de curvas y contra curvas fastidioso, agravado por el espíritu de piloto de F1 del chofer, hacía que más de uno se descompusiera dentro y fuera del vehículo. 

Por suerte llegamos vivos a la fresca Oaxaca. Después de almorzar, casi a las 17, nos encontrábamos con un nuevo couch. Gio (y su hno menos Axel). 

Gio, un chico de nuestra edad, encargado del taller mecánico de su familia. Otra familia que nos abría las puertas y nos cuidaba cómo a sus propios hijos. 

Oaxaca posee un centro histórico muy bonito, muy bien mantenido. Los primeros días los usamos para recorrerlo un poco, tirarnos a dormir una siestita en algún parque, conocer plazas y mercados, donde probaríamos insectos (llamados chapulines, asquerosos) y gusanos de maguei (un poquito menos asqueroso).

Centro histórico Oaxaca

Templo de los Franciscanos

Siesta en el Parque

Bici atada

Ya empezando a visitar algunos de los principales atractivos del lugar, Axel nos llevó a conocer el sitio arqueológico de Monte Alban. Ciudad que supo ser la capital indígena más importante de la región de Oaxaca. 

Monte Alban I

Monte Alban II

Monte Alban III


Después de caminar por algunas horas por las ruinas, almorzamos 10 taquitos y nos fuimos a recorrer supermercados para conseguir yerba. Resultado de la búsqueda: negativa. 

El día siguiente fuimos rumbo a Hierve el Agua. Un lugar en medio de la montaña, con cascadas petrificadas y manantiales de agua que forman piletas naturales de un color increíble. Un lugar casi único en el mundo; otro similar y más grande se encuentra en Turquía. 

Cascada petrificada

Hierve el Agua (piscina I)

Sobre el manantial

Manantial 

El último lugar que visitábamos era un pueblito cercano a la ciudad donde se encuentra un árbol muy famoso por su tamaño (el más ancho del mundo) y antigüedad: El Tule. Unos 50 metros aprox de alto, otros casi 60 metros de circunferencia y según nos comentaron casi 2000 años de edad. 

El Tule.

Volviendo a la vida social, hicimos muy buena amistad con los chicos de la casa y también con sus primos gemelos (los pinches pirriris). Birras, tlayudas, mezcal y pingpong, entre otras hacían que nuestra estadía en Oaxaca sea muy entretenida. 

Con la familia Blanca (Gio fotógrafo)

Fuimos por 3 días y nos quedamos 8. Con algunos kilitos más después de todo lo que nos dieron de comer dejabamos atrás este lindo lugar y esta excelente familia. 

Puebla, la heroica de Zaragoza, nos esperaba.

lunes, 1 de febrero de 2016

Chiapas (Palenque-San Cristóbal de las Casas)


No queríamos, no estábamos seguros, nos habíamos acostumbrado. 

Nos habíamos quedado más quietos que en los últimos meses, y eso nos hacía sentir cómodos de nuevo. 

Pero debíamos volver a caminar, a andar, a movernos. 

Sin un objetivo determinado ni claro, la premisa sería ciudad a ciudad, lugar por lugar. 

Y es por eso que esa noche, la primera del año, nos subíamos a un colectivo rumbo a Palenque. Una ciudad de origen Maya que data de, casi, 500 años. 

Amanecidos ya en la terminal de ADO y habiendo desayunado algo, teníamos que encontrar la casa de Mireya. Después de varias vueltas y de preguntar por todo el barrio dimos con ella. 

Volvíamos a quedarnos con una familia. 4 hijos, Mireya y su marido. Una casa grande, donde recibían hasta 15 surfers a la vez. Por lo que la estadía allí, más bien parecida a un camping, fue muy entretenida ya que compartimos con otros viajeros de varias partes del globo. 

El primer día lo pasamos tranquilos, en la casa descansando un poco. Llegaba la tarde cuando nos dábamos cuenta de que habíamos sufrido una pérdida muy dolorosa, el mate. Nos lo olvidamos en el colectivo. Por lo que la tarde fue una expedición para conseguir armar un mate y una bombilla casera. Y lo logramos. 

Ya el segundo día en esta ciudad íbamos a pasar el día conociendo dos lugares de cascadas, cercanos a la ciudad. 

El primero, Misol-Ha (que significa “caída de agua”). Inserta en la sierra chiapaneca, una cascada de unos 30 metros. Con una vegetación tropical, se puede hasta caminar por detrás de la caída de agua. Un lugar realmente bonito. 

Misol-Ha

Bajo Misol-Ha


El segundo, y mucho más hermoso y distinto a lo que hemos visto durante todo este tiempo, Cascadas de Agua Azul. Un poco más alejado de la ciudad, esto si nos llamaba la atención. Un color azul, casi turquesa, fluía a través de las rocas, por entre medio de una densa vegetación. Según nos comentaron, es por el tipo de roca y por las sales que el agua del río posee, que se disuelven y gracias al reflejo de la luz, queda de este color. 

Agua Azul I

Agua Azul II


Agua Azul III

Ensueño

Caminamos por entre las distintas cascadas junto a dos compañeras de la casa, Rebeca y Surya, dos chicas de Francia. Las hacíamos probar el mate y, como de costumbre con los anteriores, ponían cara rara. 

Con las compañeras francesas

Reflejos azules

El día siguiente estaba perdido, lluvia constante durante todo el día. Sólo comer algo rico y tomar unos mates para pasarlo. 

Nos quedábamos un día más para poder conocer el sitio arqueológico de Palenque. 

Las ruinas de una ciudad Maya, de la que sólo se ha descubierto el 2%, quedando el resto de las estructuras bajo o dentro de la selva. Y, si no recuerdo mal, una de las ciudades donde más escritos sobre esta civilización se han encontrado, entre otras cosas. 

Templo de las Inscripciones

Palacio + Observatorio

Palacio + Observatorio desde arriba

La selva amenaza

Caminito 

Templo de los guerreros

Edificios del grupo de la cruz


Varias ruinas hemos visto hasta hoy. Y siempre nos sorprende lo mismo, la fuerza y capacidad de la naturaleza para volverse dueña de lo que alguna vez el hombre tomo prestado sin autorización (o al menos eso creemos). Cómo sin el basto cuidado que reciben para mantenerse como un punto de interés siquiera podrían verse. 

Y la inquietud que nos urge se repite, que pasaría con nuestra civilización si un día, por equis motivo, las abandonamos. Que intentarán descifrar o que será lo que más fascine a quienes estén en nuestro lugar hoy en ese futuro. 

En fin, el sitio arqueológico de Palenque nos sorprendió y nos encantó. Y pensar que habíamos dudo en visitarlas. 

Ya por la tardecita, habiéndonos despedido de la familia y del resto de los compañeros de casa, estábamos listos para un duro viaje. Cruzar las sierras de Chiapas para llegar, después de estar varados unas horitas en el camino, a San Cristóbal de las Casas. 

Despedida de la familia

Un viaje de curvas, contra curvas y topes hacían a uno moverse dentro del colectivo cual samba. De pronto, ya de noche, el colectivo se frenó. Un accidente en la ruta nos bloqueaba. Por suerte no demoró más de una hora aprox. y pudimos llegar no tan tarde a San Cristóbal. 

Nos recibían, además del frío, Luis y Gladis. Dos amigos, que viven en una casita hermosa, en ese pueblo mágico que es San Cristóbal. Calles pequeñas, casas viejas, muchas iglesias, muchos colores y una movida cultural más que interesante. 

San Cristóbal, una de las calles más bonitas.

Esquina mágica

"La historia reclama buenos corazones en lucha"

Los días allí transcurrían tranquilos. Recorríamos las callecitas, nos sentábamos a tomar unos mates en alguna de sus plazas o miradores. Fue en alguno de esos que el cielo nos regaló un atardecer de película, una tarde cubierta en la cual las nubes se teñían de dorado y colorado. 


Grafitis muchos 
Los pibes


Cielo dorado I

Cielo dorado II

Cielo colorado 


Por las noches, abrigados con la poca ropa que tenemos, casi siempre salíamos con los chicos y sus amigos. Había muchos barcitos con onda que ameritaban conocer. Tomábamos algún mezcal, alguna cerveza, y a bailar un rato. 

Otra vez turisteando, realizábamos una excursión en lancha por el Cañón del Sumidero. Un lugar imponente, magnifico, donde volvíamos a sentirnos insignificantes. 

Cañón del Sumidero I

Cañón del Sumidero II

Sol & Cañón 

Nos contaban, tiene su origen en una falla geológica de hace más de 12-15 millones de años. Desde la lancha podíamos ver algunas de sus paredes de más de 1300 metros de altura desde donde, según la leyenda, los indios Chiapas se arrojaron al río, prefiriendo esa muerte a la conquista española. 

Rayos de luz I

Cañón del Sumidero III

Arbol de navidad

Cascada del Arbol

Además es una reserva natural, que cuenta con una flora y fauna muy diversificada. Entre ellos pudimos ver distintas clases de aves, monos y hasta varios cocodrilos a orillas del río. 

Cuidado con el coco

Rayos de luz II

Cañón del Sumidero IV

Después de haber probado el trabajo de Luis, chef en un restaurant, unos tacos de camarones increíbles, después de pasar la tarde en la plaza y después de una noche con música en vivo nuestra estadía en este lugar llegaba a su fin. 

Taco de camarones

Nos movíamos rumbo al estado de Oaxaca, habiendo aprendido que:

“Para todo mal, mezcal. Para todo bien, también.”