lunes, 1 de febrero de 2016

Chiapas (Palenque-San Cristóbal de las Casas)


No queríamos, no estábamos seguros, nos habíamos acostumbrado. 

Nos habíamos quedado más quietos que en los últimos meses, y eso nos hacía sentir cómodos de nuevo. 

Pero debíamos volver a caminar, a andar, a movernos. 

Sin un objetivo determinado ni claro, la premisa sería ciudad a ciudad, lugar por lugar. 

Y es por eso que esa noche, la primera del año, nos subíamos a un colectivo rumbo a Palenque. Una ciudad de origen Maya que data de, casi, 500 años. 

Amanecidos ya en la terminal de ADO y habiendo desayunado algo, teníamos que encontrar la casa de Mireya. Después de varias vueltas y de preguntar por todo el barrio dimos con ella. 

Volvíamos a quedarnos con una familia. 4 hijos, Mireya y su marido. Una casa grande, donde recibían hasta 15 surfers a la vez. Por lo que la estadía allí, más bien parecida a un camping, fue muy entretenida ya que compartimos con otros viajeros de varias partes del globo. 

El primer día lo pasamos tranquilos, en la casa descansando un poco. Llegaba la tarde cuando nos dábamos cuenta de que habíamos sufrido una pérdida muy dolorosa, el mate. Nos lo olvidamos en el colectivo. Por lo que la tarde fue una expedición para conseguir armar un mate y una bombilla casera. Y lo logramos. 

Ya el segundo día en esta ciudad íbamos a pasar el día conociendo dos lugares de cascadas, cercanos a la ciudad. 

El primero, Misol-Ha (que significa “caída de agua”). Inserta en la sierra chiapaneca, una cascada de unos 30 metros. Con una vegetación tropical, se puede hasta caminar por detrás de la caída de agua. Un lugar realmente bonito. 

Misol-Ha

Bajo Misol-Ha


El segundo, y mucho más hermoso y distinto a lo que hemos visto durante todo este tiempo, Cascadas de Agua Azul. Un poco más alejado de la ciudad, esto si nos llamaba la atención. Un color azul, casi turquesa, fluía a través de las rocas, por entre medio de una densa vegetación. Según nos comentaron, es por el tipo de roca y por las sales que el agua del río posee, que se disuelven y gracias al reflejo de la luz, queda de este color. 

Agua Azul I

Agua Azul II


Agua Azul III

Ensueño

Caminamos por entre las distintas cascadas junto a dos compañeras de la casa, Rebeca y Surya, dos chicas de Francia. Las hacíamos probar el mate y, como de costumbre con los anteriores, ponían cara rara. 

Con las compañeras francesas

Reflejos azules

El día siguiente estaba perdido, lluvia constante durante todo el día. Sólo comer algo rico y tomar unos mates para pasarlo. 

Nos quedábamos un día más para poder conocer el sitio arqueológico de Palenque. 

Las ruinas de una ciudad Maya, de la que sólo se ha descubierto el 2%, quedando el resto de las estructuras bajo o dentro de la selva. Y, si no recuerdo mal, una de las ciudades donde más escritos sobre esta civilización se han encontrado, entre otras cosas. 

Templo de las Inscripciones

Palacio + Observatorio

Palacio + Observatorio desde arriba

La selva amenaza

Caminito 

Templo de los guerreros

Edificios del grupo de la cruz


Varias ruinas hemos visto hasta hoy. Y siempre nos sorprende lo mismo, la fuerza y capacidad de la naturaleza para volverse dueña de lo que alguna vez el hombre tomo prestado sin autorización (o al menos eso creemos). Cómo sin el basto cuidado que reciben para mantenerse como un punto de interés siquiera podrían verse. 

Y la inquietud que nos urge se repite, que pasaría con nuestra civilización si un día, por equis motivo, las abandonamos. Que intentarán descifrar o que será lo que más fascine a quienes estén en nuestro lugar hoy en ese futuro. 

En fin, el sitio arqueológico de Palenque nos sorprendió y nos encantó. Y pensar que habíamos dudo en visitarlas. 

Ya por la tardecita, habiéndonos despedido de la familia y del resto de los compañeros de casa, estábamos listos para un duro viaje. Cruzar las sierras de Chiapas para llegar, después de estar varados unas horitas en el camino, a San Cristóbal de las Casas. 

Despedida de la familia

Un viaje de curvas, contra curvas y topes hacían a uno moverse dentro del colectivo cual samba. De pronto, ya de noche, el colectivo se frenó. Un accidente en la ruta nos bloqueaba. Por suerte no demoró más de una hora aprox. y pudimos llegar no tan tarde a San Cristóbal. 

Nos recibían, además del frío, Luis y Gladis. Dos amigos, que viven en una casita hermosa, en ese pueblo mágico que es San Cristóbal. Calles pequeñas, casas viejas, muchas iglesias, muchos colores y una movida cultural más que interesante. 

San Cristóbal, una de las calles más bonitas.

Esquina mágica

"La historia reclama buenos corazones en lucha"

Los días allí transcurrían tranquilos. Recorríamos las callecitas, nos sentábamos a tomar unos mates en alguna de sus plazas o miradores. Fue en alguno de esos que el cielo nos regaló un atardecer de película, una tarde cubierta en la cual las nubes se teñían de dorado y colorado. 


Grafitis muchos 
Los pibes


Cielo dorado I

Cielo dorado II

Cielo colorado 


Por las noches, abrigados con la poca ropa que tenemos, casi siempre salíamos con los chicos y sus amigos. Había muchos barcitos con onda que ameritaban conocer. Tomábamos algún mezcal, alguna cerveza, y a bailar un rato. 

Otra vez turisteando, realizábamos una excursión en lancha por el Cañón del Sumidero. Un lugar imponente, magnifico, donde volvíamos a sentirnos insignificantes. 

Cañón del Sumidero I

Cañón del Sumidero II

Sol & Cañón 

Nos contaban, tiene su origen en una falla geológica de hace más de 12-15 millones de años. Desde la lancha podíamos ver algunas de sus paredes de más de 1300 metros de altura desde donde, según la leyenda, los indios Chiapas se arrojaron al río, prefiriendo esa muerte a la conquista española. 

Rayos de luz I

Cañón del Sumidero III

Arbol de navidad

Cascada del Arbol

Además es una reserva natural, que cuenta con una flora y fauna muy diversificada. Entre ellos pudimos ver distintas clases de aves, monos y hasta varios cocodrilos a orillas del río. 

Cuidado con el coco

Rayos de luz II

Cañón del Sumidero IV

Después de haber probado el trabajo de Luis, chef en un restaurant, unos tacos de camarones increíbles, después de pasar la tarde en la plaza y después de una noche con música en vivo nuestra estadía en este lugar llegaba a su fin. 

Taco de camarones

Nos movíamos rumbo al estado de Oaxaca, habiendo aprendido que:

“Para todo mal, mezcal. Para todo bien, también.”

jueves, 14 de enero de 2016

Riviera Maya (Cancún-Playa del Carmen-Tulum-Holbox-Isla Mujeres)

Irnos de Cuba no fue lindo ni fácil. 

Llegar a México menos. 

Una vez que aterrizamos y llegamos al mostrador de migraciones nos retuvieron unas 3 horas. Primero hacerle entender a una primer persona y luego a otra nuestra modalidad de viaje, que por eso no teníamos ni vuelo de regreso ni reserva alguna. Que no veníamos a trabajar a su país, que somos profesionales y que teníamos los fondos suficientes (?). 

En fin, después de todo ese feliz momento, nos dejaron entrar. 

La primera noche teníamos un couch que por problemas personales se nos cayó, por lo que pasamos la primera noche en un hostel. 

Se ve que para compensar todo el mal trago de la recibida el universo compensó y nos permitió colarnos en un all inclusive toda la tarde del día siguiente. Comida y bebida gratis, hasta que allá por la tardecita saltaba la ficha y teníamos que emprender la retirada. 

Tarde de all inclusive (free)


Ya de regreso por nuestras cosas, nos mudábamos a unas pocas cuadras a la casa de Ángel. Un chico mexicano que nos recibía por unos días mientras empezábamos a hacer tiempo para los tan esperados reencuentros. 

Allí pasamos unos días de playa más, tranquilos sin salir mucho. Foto típica de Cancún, un mar increíble en Playa Delfines 


Cancún

Playa Delfines

Aún nos tenía tristes haber dejado Cuba. El cambio era demasiado brusco, y nos costaría unos días más de los pensados aceptar el nuevo destino. Así también se reflejaba en la falta de motivación y abandono que sufría mi cámara fotográfica. 

Nos movíamos a Playa del Carmen. Una, en nuestra opinión, de las grandes mentiras del caribe entero. Al menos así lo sentimos durante nuestra estadía solos. (Aclaro de antemano, no es de desagradecido ni mucho menos) Playas lindas, pero no increíbles. Un ambiente para nada bohemio (cómo así nos habían comentado). Un lugar construido para el turismo, principalmente gringo, de alto consumo. Fiesta que prometía más de lo que era en realidad. 

Pero como siempre, lo más importante es la gente que uno conoce y se empieza a cruzar. En Playa batimos un nuevo record personal, tres couch en la misma ciudad. Primero en lo de Jorge, luego en lo de Rita (una genia, doctora en filosofía, fotógrafa, mitad dominicana mitad gringa) y por último nuestra “mamacita” Larisa (a la cual llegábamos por medio de Yuri, nuestro amigo cubano). También pasamos, en el medio, unos días en un hostal, donde conocimos y compartimos con mucha gente nueva (cómo el cordobés que luego pasaría a formar parte del plantel) y vieja también (cómo las chicas de Eslovenia con la que habíamos estado juntos en Cuba). 

Y de repente nuestra estadía cambiaba. Llegaba el Rober (hermano del Chelo y patrocinador oficial de nuestro viaje) junto a 2 personajes de otro planeta, el Sar y el Seba. Por ello volvíamos a Cancún, a pasar una semana con ellos. 

1er Reencuentro. Al fondo: Sar y Yo. Abajo: Chelito, Seba y Rober versión Mx


Ya con ellos, comenzamos a recorrer un poco más. 

Uno de los primeros lugares a los que fuimos fueron las ruinas de Tulum. Una ciudad Maya, amurallada, frente al Mar Caribe. Un contraste entre historia, energía al estilo Machu Pichu, y un mar turquesa de fondo. 

Tulum I

Tulum II

Tulum III


El resto del día transcurriría en Playa Paraíso. Birra y refrescada mediante, mientras otros se colgaban de palmeras. 

Playa Paraíso I

Playa Paraíso II

Ya se acortaba la semana, y entre tanto cruzábamos por primera vez a Isla Mujeres. Una isla paradisíaca, a nuestro gusto, pintoresca y con mucha onda. Donde los Mayas adoraban a Ixchel, diosa de la Luna, el amor y la fertilidad. Allí hicimos un excelente snorkel en medio de arrecifes y peces de todos colores. Ya entrada la noche, pasado el atardecer, y luego de cenar y tomar algo, tendríamos que haber tomado el ferry de vuelta. Pero no fue así, nos quedamos algunos, a pasar la noche en la isla, para volver por la mañana bien temprano. Claro, después de haber estado en un bar en la playa toda la noche. 

Buscando a Nemo

Lugar de snorkel

Atardecer en Isla Mujeres

Antes de la partida de estos locos lindos, llegaba mi primer refuerzo. Tincho, mi hermano. Caía parado, había lugar para él donde estábamos todos.

2do Reencuentro. El Tincho

El resto de los días junto a esta linda banda pasaban en la playa del hotel, jugando al beach voley, comiendo por ahí, entre mates, birras, guitarreada, y demás. 

Una de las semanas más divertidas y confortables que tuvimos. 

Pero ellos volvían a casa y nosotros donde Ángel, unos días más, mientras esperábamos a Rodri y Nachito. 

Hasta que el día del reencuentro llegó. Una sensación más que linda, reconfortante. Tener, aunque sea en parte, a los amigos de siempre, a mi hermano y a mi hermano del alma, juntos. 

Mientras había sol (si es que así podemos decir, porque fueron bastante nublados) la pasábamos en el hotel de los chicos, aprovechando de los beneficios de que alguien pague el all inclusive. Por la noche, la cosa se ponía más intensa. Hasta entonces, en todos estos meses, habíamos salido, bailado y reído tanto. 

3er Reencuentro. Los pibes. Nachito, Tincho, Yo y Rodri


Y la navidad llegaba. Una distinta. Una lejos, pero por decisión propia. Con gente nueva, y con los que eligieron (y pudieron) acompañarnos. 

Ya dejando atrás Cancún, llegábamos el mismo 24 a Playa del Carmen. La noche buena transcurría entretenida, entre comida y bebidas. La recibimos 2 horas después que en casa, lo que facilitaba los saludos a los que estaban lejos. Si bien a nuestras 00 horas, nos llamó la atención los pocos fuegos de artificio, no fue motivo para no brindar ni dejar de pasarla bien. Lo que siguió? Cómo cualquier otra navidad, con la diferencia de hacerlo en el Caribe. 

Navidad Mexican Style

Esperando a Papa Noel

Para recuperarnos y poder descansar unos días fuimos de camping a Holbox. Una islita al norte de Cancún, muy tranquila. Un pueblito de artesanos, que no sobrepasa los 2mil habitantes. Donde nuestra casa se convertía en la misma playa y nuestro jardín el mar. Días de relajo y conexión. 

Artesanías I

Bares de Holbox

Atardecer en Holbox

Luna y mar

En el muelle con los pibes

Viejas amigas de Italia


Con las energías recargadas, volvíamos a Playa. Pero esta vez para hacer un poco más de turismo. Visitamos el cenote Suytun, Chichen Itza, y un pueblito llamado Valladolid. 

Sin dudas el plato fuerte de todo esto era Chichen Itza. Un Patrimonio de la Humanidad y una de las nuevas maravillas del mundo moderno. Un lugar mágico, con mucha energía, que escapa a la comprensión de nuestras cabezas. 

Una ciudad que no sólo incluía la pirámide, sino también templos, cenotes, juego de pelota, entre otros. 

Un lugar que, quien ande por ahí, no debiera dejar de visitar. 

Cenote Suytun

Risa y Reflejos

Chichen Itza I

Chichen Itza II

Chichen Itza III

Templo de los guerreros (Chac Mol)

Los banda en Chichen

Atrapasueños

Calendario Maya

Capilla Virgen de Guadalupe

Los últimos días de los muchachos volvíamos a Cancún. A despedirse del mejor mar y, por qué no, festejar juntos las últimas noches. A ellos, mis amigos, que pudieron hacerme el aguante, aunque sea por unos días, en esta locura:

Gracias por la visita y por querer compartir esto juntos! Son un fierro viejo, los quiero! 

Congueando

Hasta pronto amigos!

Cocinándoles después de meses 


Pero todavía nos quedaban dos acompañantes de lujo, el Tincho y el Cordobés. Nos fuimos de nuevo rumbo a Isla Mujeres. A despedir el año, a recibir uno nuevo, donde el sol entra por primera vez en todo México. 

Recorrimos la isla en carrito de golf, disfrutamos la playa, de las burbujas en el aire, de dos arcoíris a la vez. 

Arcoíris x2 

Burbujas en el cielo

Playa Norte - Isla Mujeres

Punta Sur - Isla Mujeres

Recorriendo la Isla 

En el carrito


Pero cada vez faltaba menos, y uno empieza a repasar el año (genial) que tuvo: 

Se va yendo. Ultimas horas de este, particular, gran año. 
Comenzó viajando (poquito), termina viajando (un poquito más). Y no está nada mal.
Me considero una persona agradecida con la vida. Mucho más después este viaje.
Haber alcanzado todos los objetivos anteriores no se comparan con hacer lo que uno más quiere. Ser libre.
Un año que fueron dos. Un año con los de siempre. Un año con los nuevos.
Gracias a todos.
Esto no hubiese sido, ni por poco, lo mismo sin ustedes.
Gracias a todos.
No tiene mucho sentido que los nombre a todos. Ustedes saben y yo sé.
Gracias a todos.
Esta noche brindaremos juntos, para que sigamos (al menos intentando) ser felices, que al fin y al cabo es lo único que importa.
Los extraño y los quiero.
Espero encontrarnos pronto.
Les deseo lo mejor. 

Chin chin y la puta que lo parió! 

Casi recuperados de la noche anterior, emprendíamos el retorno. Uno a casa, otro a Playa del Carmen, y de nuevo, como al principio, nosotros dos solos. Con muchísima pena dejamos atrás la isla (creo que tenemos cierta adicción a las islas). 

Y volvíamos al ruedo, a movernos, al camino. Después de más de un mes, levantábamos anclas para seguir. 

Próximo destino, estado de Chiapas.