viernes, 21 de agosto de 2015

La Serena - Valle del Elqui - La Serena

Entonces llegamos a La Serena. Y lamento escribirte esto Serena, pero fuiste para nosotros una incomprendida. Quizás llegamos con demasiadas expectativas, o simplemente no congeniamos.
Supongo que así como uno no pude caer y llevarse bien con todas las personas del mundo, lo mismo pasa con las ciudades.
Será cuestión de gustos, química, vibras o algo por el estilo.
Dos días que se hicieron largos.
Estadía en el hostel de Carmen. Casi deshabitado. Alguna familia que pasaba la noche y otro estudiante, con su música a todo volumen en nuestra ventana.
Llegamos al faro (un tanto descuidado) y a la playa, que si no fuera por el poder hipnotizante de mar no podría habernos retenido más que unos pocos minutos.
Mirador de la Universidad, cerrado por toma y paro de los alumnos (que jugaban a las cartas magic mientras tanto, una revolución un tanto confusa, raro).
Pero este lugar era una parada obligada para poder ir al Valle del Elqui. No sabíamos de su existencia pero resultó ser de aquellos que nos gusta llamarlos “Plato fuerte”, de esos que te dejan más que sólo una buena foto. Son esos destinos que te cambian algo por dentro, que te hacen un click, donde uno se siente completo y a la vez diminuto ante algo semejante.
Dejamos las mochilas grandes en lo de Carmen, que se copó haciéndonos el aguante y tomamos un bondi hacia Elqui. Después de unas 2 horas aprox., viajando parados y sentados en el piso, llegamos.
A buscar hostel, pero con una pequeña variación del 100% en nuestro plan. Chelo y yo, Laura y Killian. Ahora somos 4.
Conocemos a estos dos nuevos personajes catalanes, hermanos, que desde entonces, y en lo que sigue y seguirá, son nuestros amigos.
Raramente pasa que en el primer lugar donde averiguamos para hospedarnos nos quedamos, pero en cuanto Santiago (el dueño) nos muestra las habitaciones y el patio del hostel, no lo dudamos ni un instante.
Vean ustedes mismos
                                                 
Fueron dos días de una paz increíble, según nos comentaban los lugareños es un pueblo en el valle, cargado de energía. Y se siente así.
Paseos en bicicleta, pueblos de artesanos, visita a bodegas de pisco, pizzas caseras, mirar el cielo, mirarlo de nuevo.
Siento que me quedo corto con estas palabras, pero es que no alcanzan para describirlo. Sólo anoten su nombre, agéndenlo y no dejen de ir.
Noche en el Valle, cielo nunca visto.
Fotos que siempre quise hacer, compañeros de viaje que quisimos tener.
Sentirse chiquito y uno, haciéndole frente a un ejército de luces allá arriba.
Pero lo importante, sentirse uno.
Y saber que en ese momento, se es feliz.






Vuelta a La Serena
Debíamos volver por nuestras cosas, y hacer una noche más para salir temprano al día siguiente.
Nos fuimos 2 y volvimos 4. Esta vez no a lo de Carmen sino a lo de Anette, una chica mexicana que nos dio Cs a los 4. Experiencia divertida ya que la vimos poco más de 2 horas en todo el día, pero confió en nosotros nos dio su llave y nos manejamos a nuestra manera. Ella trabajó todo el día y sólo compartimos una linda charla antes de dormir.
Próximo destino, La Caldera, para conocer Bahía Inglesa, al ritmo de esta canción que nos enseñan los pibes de Barcelona.


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