jueves, 17 de septiembre de 2015

Baños

Después de haber hecho transbordo en Ambato y tomar el segundo colectivo del día, llegamos ya casi de noche a Baños.
Esta vez no teníamos couch, pero si nos habían pasado el dato de un hostel que andaba en busca de voluntarios para realizar algunos trabajos a cambio de comida y hospedaje. Y allá fuimos. Nos presentamos, previamente habiéndonos contactado, y cerramos el “contrato”. Una semana, 4 horas por día a cambio de desayuno, almuerzo y cama.
Los primeros dos días serían lijar y preparar unas paredes de un hostel que la firma estaba próximo a inaugurar. El team: el Chelo, el negrito Gaby y yo. Al negrito lo conocimos ni bien llegamos, era nuestro compañero de cuarto. Un personaje divino, nacido en Ecuador y criado en España. En dos días demostró ser una gran persona, humilde, sensible, un crack.
El tercer día de trabajo fue el más duro, pasamos a albañiles. Terminamos una escalera de material e hicimos los pilotines para un futuro quincho. Resultado del día de trabajo: exitoso. Esta vez el team argento puro: Chelo, el Edu (de Mendoza, gallina, subió el Aconcagua así que ahora es un ídolo nuestro), el Lipo (de Córdoba, encargado del hostel)
El resto de los días nos ascendieron por falta de voluntarios y pasamos a estar en la recepción del hostel en los turnos tardecita y noche. Mucho más sencillo; ordenar el living, sacar las toallas limpias y doblarlas.
Vale mencionar a los compañeros de voluntariado:
-con los que también nos hicimos amigos, los chilenos (la) Ale y (el) Ale. Con ellos pasamos a compartir las comidas, ratos libres, paseos, charlas, y demás. 2 cracks más para agregar a la lista.
-Pau: de Bahía Blanca, gallina, un aparato; cuidaba a Ivana, la hija más chiquita de la dueña del hostel.
-Diego, el mexicano hombre de negocios que logró salir del sistema. Un genio.
En fin, respecto al voluntariado y nuestra estadía en el hostel creo que es todo lo que hay para contar. Más que agradecidos a la Vale, dueña del hostel, con la que siempre tuvimos la mejor onda.
Entonces luego de trabajar lo que nos correspondía cada día, teníamos nuestro merecido descanso, en el que siempre intentábamos conocer algo nuevo.
Pailón del Diablo: el primer día alquilamos unas bicicletas y nos fuimos hasta esta cascada, considerada uno de los 10 saltos de agua más impresionantes del planeta, a unos 20 kms desde Baños. Tiene una altura de 80 metros aproximadamente. Ni bien llegamos se largó a llover pero gracias a unas personas que ya se iban y nos regalaron sus impermeables pudimos cubrirnos (aunque sea por un rato). Nos paseamos por los balcones, incluso llegando al último donde ya no había manera de cubrirse del agua de la cascada. Desde estos balcones nos quedamos observando las formas que se armaban del choque del agua contra las rocas y del agua contra el agua misma, algo maravilloso. También subimos por la grieta del cielo, un pasadizo entre la roca que en su fin desemboca detrás de la cascada. Algo imponente que de verdad nos dio mucha impresión. Para finalizar este paseo cruzamos por el puente colgante y vimos el paisaje desde una nueva perspectiva. 

Sugerencia antes de entrar
Pailón del Diablo I

Pailón del Diablo II

Pailón del Diablo III



Columpio del fin del Mundo: a 2600 msnm y con la mejor vista del volcán Tungurahua se encuentra una casa del árbol bastante peculiar. Tiene 2 columpios que dan sobre el precipicio. La vista es hermosa, y tuvimos la suerte de que el cielo se despejara para poder ver al volcán tirando cenizas. Nos hamacamos un buen rato aprovechando que no había tanta gente y luego tomamos unos mates con dos chicas argentinas que nos cruzamos allí y nos invitaron con la mejor onda (Clari y Stefi)
Volcán Tungurahua en actividad

Columpio + Chelo + Tungurahua

Columpio + Ger + Tungurahua

Mate frente al Tungurahua

Puente San Francisco: con 120 metros de altura, desde allí se tiene una visión más que interesante con el río Pastaza debajo. En este puente practican “Puenting” y debo admitir que en esta ocasión no me dieron los huevitos para saltar. Me fui más que enojado conmigo mismo, pero uno debe conocer de sus límites. Quizás no fue ese el tiempo y el lugar, y más adelante pueda intentarlo en otro destino distinto.
Río Pastaza desde Puente San Francisco

Cascada Agoyán: para seguir conociendo, y a modo de premio consuelo por no haber saltado del puente, fuimos en camión (uno de las pocas veces que resultó hacer dedo) hasta esta cascada para hacer canopy. Fueron unos pocos segundos en los que por primera vez sentí esa sensación de volar, al pasar de un lado a otro a unos 60 mts del suelo. Simplemente maravilloso.
Cascada Agoyán



Mirador de la Virgen: subiendo y atravesando el cementerio se llega a este mirador donde se encuentra una escultura de la Virgen de Agua Santa de unos 34 ms. El mayor atractivo es la vista panorámica de la ciudad.
Baños

Cascada de la Virgen: a una cuadra del hostel se encontraba esta cascada, cuyo ruido era nuestra música de ambiente todo el día y toda la noche. Fuimos a conocerla cara a cara uno de los últimos días en los que nos encontrábamos por esos pagos.
Cascada de la Virgen

Baños fue entonces un lugar del que nos llevamos muchas caras nuevas y de las buenas, y un lugar con una fuerte conexión con la naturaleza y cargada de aventuras. Pasamos una semana más que buena, donde cargamos muchas energías para seguir. 

Una linda familia nos esperaba en nuestro próximo destino, el Oriente, la selva ecuatoriana.

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